Todo lo que aprendí en Japón sobre el autocuidado
Lo que Japón me enseñó sobre belleza, calma, orden y esa paz mental que no cabe en la maleta.
Llevaba deseando visitar Japón desde que tenía 18 años más o menos. O quizás antes. Pasé toda mi infancia y adolescencia viendo ‘anime’ japonés en TV3: Bola de Drac, Arale, Ranma 1/2, Lamu, pero en algún momento, no recuerdo cómo llegué, al ‘street style’ japonés. Sin embargo, sí recuerdo perfectamente el sonido del módem al conectarme a internet para poder entrar en Japanese Streets y ver fotos de cómo iba vestida la gente en Shibuya y Harajuku. También sé perfectamente que una de mis primeras compras online ‘ever’ fue el libro ‘Fruits’, una recopilación de fotos de la moda en las calles japonesas. Luego llegó el sushi a Europa y Muji, Marie Kondo, Uniqlo y la cosmética japonesa. Y finalmente, también llegó el día en que accedí a pasar 14 horas subida a un avión rumbo a mi sueño. Volví feliz y con muchas cremas y más bolsos, pero también con mucha paz y más zen que nunca. Eso es todo lo que aprendí que me servirá para cuidarme mejor.
1. La gente en Japón es silenciosa
Lo primero que notas en Japón es el silencio. En el metro, en la calle, en los restaurantes, nadie invade el espacio sonoro ajeno. Es que ni siquiera los coches hacen ruido y la gente no pita al medio segundo como hacemos en Madrid. No es frialdad, es respeto.
Aprendizaje de autocuidado: Y, de pronto, como persona con dificultad auditiva, me di cuenta de que el ruido también cansa, que el silencio ordena por dentro y que bajar el volumen puede ser autocuidado.
2. Saben hacer colas
En Japón hacer cola es casi una coreografía social. Nadie se cuela, nadie inventa una fila paralela, nadie se coloca “solo para preguntar”. Todo fluye porque todos respetan el orden. Y esa pequeña renuncia al ego consigue algo precioso: las esperas son más rápidas, más justas y muchísimo menos estresantes.
Aprendizaje de autocuidado: Respetar los ritmos colectivos reduce muchísimo el estrés. Hacer cola sin competir, sin adelantar, sin buscar el truco, enseña paciencia y, a veces, cuidarse es, simplemente, aceptar la espera.
3. Suben escaleras
En muchas estaciones no siempre hay escaleras mecánicas a mano y ves a todo el mundo subiendo y bajando andando, incluso personas mayores. No desde la obsesión ‘fit’, sino desde la normalidad. Japón me recordó que moverse no siempre tiene que ser entrenar: a veces es simplemente vivir con el cuerpo despierto.
Aprendizaje de autocuidado: El movimiento cotidiano también cuenta. No hace falta que todo sea entrenamiento con ‘outfit’ perfecto, Pilates Reformer y ‘playlist’ de Beyoncé. Subir escaleras, caminar más, usar el cuerpo en lo diario es una forma sencilla de mantenerte activa sin añadir otra obligación imposible a la agenda.

4. Los palillos te obligan a comer más despacio
Comer con palillos cambia el ritmo. No puedes engullir un plato entero en 5 minutos (al menos no con mis habilidades europeas). Coges bocados más pequeños, masticas más, miras lo que tienes delante. Es una forma sencilla de comer con más presencia, casi sin darte cuenta. ‘Slow eating’, pero sin llamarlo así.
Aprendizaje de autocuidado: A veces cuidarse no es cambiar lo que comes, sino cómo lo comes: con menos prisa, más atención y menos modo aspiradora emocional.

5. La higiene personal también es autocuidado
La limpieza personal forma parte del día a día. Mucha gente lleva una toallita tenugui, una pequeña toalla tradicional, para secarse las manos o el sudor, porque en muchos baños públicos no hay toallas. Además, en las ‘convenience stores’ encuentras toallitas refrescantes, higienizantes y mil versiones para llevar en el bolso.
Aprendizaje de autocuidado: Llevar pequeños recursos encima te da bienestar inmediato. Una tenugui, una toallita refrescante, un pañuelo o un gel de manos pueden parecer detalles mínimos, pero te salvan un día de calor, sudor o incomodidad. Cuidarse también es anticiparse con ternura a lo que tu cuerpo puede necesitar.

6. A las japonesas no les toca el sol
En Japón, la protección solar se toma muy en serio. Sombrillas, manguitos, chaquetas ligeras con protección UV, viseras, sombreros, mascarillas y ropa técnica conviven con total naturalidad. No quieren que les dé el sol, y con razón: los días despejados pueden tener un índice UV alto. Allí el SPF es casi religión.
Aprendizaje de autocuidado: Protegerse del sol no es exagerar, es pensar en tu yo del futuro. Japón recuerda que el SPF no es solo un paso ‘beauty’, sino una forma de respeto hacia la piel. El ‘glow’ está bien, pero el daño solar no es el accesorio.

7. Son muy minimalistas al vestir
La manera de vestir, EN GENERAL, suele ser minimalista, cuidada y muy práctica. Mucho blanco, negro, beige, azul marino, líneas limpias y prendas que no gritan para hacerse notar. Es una elegancia tranquila, menos parecida a un ‘haul’ de TikTok y más armario cápsula. Eso sí, también existe el extremo opuesto: las lolitas, las decora, los góticos, los Visual Kei… La moda japonesa es apasionante y tiene un estilo para cada ‘mood’, aunque a mis 42 años estoy muy en el ‘mainstream’ del país.
Aprendizaje de autocuidado: Simplificar también descansa (como también cuenta Ana Morales en su libro ‘Estado Civil: Cansada’). Vestir con básicos, colores neutros y prendas que combinan entre sí reduce decisiones, compras impulsivas y ruido mental. A veces un armario más calmado te ayuda a empezar el día con menos drama, menos “no tengo nada que ponerme” y más energía para vivir.
8. Cuidan mucho a los niños
Me llamó la atención lo presentes que están los niños en el diseño cotidiano. Hay lavamanos a su altura, baños adaptados, asientos, detalles y señales pensadas para ellos. No se les trata como un estorbo, sino como ciudadanos pequeños. Y eso dice mucho de una sociedad: cómo cuida a quienes aún no pueden pedirlo todo.
Aprendizaje de autocuidado: Cuidar también es adaptar el mundo a las necesidades reales. Ver espacios pensados para niños recuerda que no todas las personas necesitan lo mismo para estar bien. El autocuidado empieza cuando dejamos de exigirnos funcionar en entornos imposibles.

9. Tu basura es tuya
En Japón casi no hay papeleras, pero todo está limpísimo. La explicación es sencilla y poderosa: cada persona se responsabiliza de su basura. Yo llevaba una bolsita para guardar papeles hasta encontrar dónde tirarlos. Es incómodo al principio, sí, pero también educativo. Tu residuo no desaparece mágicamente porque tú dejes de verlo.
Aprendizaje de autocuidado: Llevar una bolsita para guardar residuos parece incómodo, pero te enseña algo enorme: lo que generas también es tu responsabilidad. En la vida emocional pasa igual; no siempre elegimos lo que sentimos, pero sí cómo lo gestionamos.

10. El error no se permite
Esto, por supuesto, no es un punto a favor. Japón transmite una enorme conciencia del deber común. Todo funciona con una precisión que impresiona, pero también se intuye una presión fuerte: el error no tiene espacio y el suicidio tras un error importante está totalmente aceptado en nombre del honor. Esa exigencia sostiene el orden, pero puede pesar.
Aprendizaje de autocuidado: La excelencia sin compasión agota. Japón impresiona por su orden y precisión, pero también invita a pensar en la presión de no fallar. El autocuidado real necesita incluir margen de error, días torpes, cansancio y humanidad. No somos trenes bala; somos personas con ojeras, sueños y líos.

11. Las emociones que no se expresan, pesan
También vi muchas personas solas y una contención emocional muy marcada. No todo se expresa, no todo se verbaliza, no todo se comparte. Hay belleza en la discreción, pero también cierta melancolía.
Aprendizaje de autocuidado: Japón me recordó que lo que no se expresa también pesa. La discreción puede ser elegante, pero guardar demasiado acaba pasando factura. Cuidarse es encontrar espacios donde poder decir “estoy mal”, “me siento sola” o “necesito ayuda” sin sentir que estás rompiendo la vajilla emocional de nadie.

12. Las religiones pueden convivir
En Japón conviven el budismo y el sintoísmo. El budismo invita a aceptar la impermanencia, cultivar la calma y comprender el sufrimiento. El sintoísmo, religión originaria japonesa, venera los kami, presencias sagradas de la naturaleza y los antepasados. Entre templos y santuarios, el autocuidado se vuelve gratitud, purificación y presencia
Aprendizaje de autocuidado: Ritualizar la vida cotidiana puede ayudarte a vivir con más presencia. Del budismo aprendemos la impermanencia y la calma; del sintoísmo, la gratitud y el respeto por la naturaleza y lo sagrado. No hace falta convertir tu baño en templo, pero sí poner intención en tus gestos diarios.

Japón me ha enseñado que el autocuidado no siempre está en hacer más, controlar más, sino en prestar atención. Al silencio, al cuerpo, a la piel, al ritmo, al entorno y a lo que sentimos.
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